Era Mark Twain, fuente inagotable de inspiración para este blog, el que presentaba un diálogo entre un necio y un sabio. El necio decía “no dejes todos los huevos en la misma cesta”, que es una manera de decir “diversifica tu esfuerzo, atención y dinero para que estés cubierto por si algo sale mal”, a lo que el sabio contestó: “pon todos los huevos en la misma cesta, y vigila bien de cerca esa cesta”.

Honestamente, no creo que el necio anduviera del todo desencaminado. Dependiendo de la situación concreta, del nivel de riesgo asociado y de la experiencia y personalidad de cada uno, puede ser más inteligente diversificar un poco tus esfuerzos. Pero en cualquier caso, la frase viene a decir algo bastante obvio: cuanto más te enfoques en una determinada tarea u objetivo, más posibilidades habrá de que te salga bien. Y si esa tarea es realmente importante para ti, deberías ponerle mucho foco y mucho esfuerzo. Es como buscar agua en el desierto. Puedes esforzarte mucho en hacer cien pozos y no encontrar ni una gota de agua, o puedes concentrarte en hacer solo un pozo pero mucho más profundo que los otros y así llegar a un manantial subterráneo.

Llevando esto a la práctica, es curioso comprobar como la mayoría de los grandes hombres de negocios han desarrollado toda o casi toda su vida profesional en la misma empresa. Los Amancio Ortega, Bill Gates, o Mark Zuckenberg no han pasado por 20 empresas en los últimos 20 años, sino que han trabajado toda la parte importante de su vida laboral en la misma compañía, centrando en ella todos sus esfuerzos y llevándolas así a lo más alto. No es que ahora el objetivo de todos vaya a ser convertirnos en Amancio Ortega, pero es cierto que un cambio o movimiento demasiado impulsivo en nuestras carreras puede acabar siendo perjudicial.

Decía Warren Buffet, el experto en inversiones norteamericano que “solo es necesario una amplia diversificación cuando no se sabe lo que se está haciendo”. Y es cierto. Al final, se trata de tener un objetivo claro en lo profesional, que variará en función de nuestra formación, nuestros gustos personales o las características del sector en el que trabajamos, y a continuación centrarse en ese objetivo y trabajar para conseguirlo sin permitir que una decisión atropellada te aleje de él. Y una vez concretado ese objetivo profesional, hay que convertirlo en nuestra bandera y construir una marca personal acorde a él, proporcionando una visión clara de nosotros a nuestro entorno. Que la gente que te conoce no sea capaz de explicar bien a qué te dedicas no es algo bueno: significa que nuestra estrategia de marca personal no es buena o que nosotros mismos no tenemos claro qué hacemos y qué queremos hacer.

Por otro lado, hay quien teme encasillarse demasiado en un algo y que se le cierren otras puertas. Lo decía al principio de este artículo, es una postura perfectamente razonable. No obstante, aun en ese caso es recomendable marcarse dos o tres objetivos claros. Dispersarse en exceso es el receta perfecta para al final, quedarte estancado.

En este blog hemos defendido muchas veces la necesidad de saber adaptarse a los cambios y de no dudar en invertir tiempo y esfuerzo en reciclarse y en formarse convenientemente… como herramienta para conseguir tu objetivo profesional. Es decir, debes involucrarte en una continua formación para estar mejor preparado ante los inevitables cambios que sucederán en tu entorno, y a la vez, debes contar hasta 10, o mejor, hasta 10.000, cuando tengas la tentación de mandar a paseo  tu jefe o a tus compañeros después de una discusión con ellos. No debes dejar que cosas superfluas te desvíen de tu objetivo definitivo.

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