Crecer profesionalmente ya no consiste en únicamente en hacerse jefe y en ganar más.  Hoy el éxito profesional consiste en aportar ese valor diferencial que solo se consigue a base de refinarse, desarrollando más habilidades técnicas, pero también una visión mucho más osada y global.  

Y frente al bombardeo de información, resulta que esa antigualla de papel que es el libro, se ha revelado como el mejor vehículo de conocimiento y de reflexión.

Leer no ficción es puro aprendizaje

No podremos hacer frente a los retos que se plantean en nuestras empresas si nos limitamos a leerlo todo  “en diagonal”, haciendo scroll a la carrera por la pantalla del ordenador o de la tableta. Para encontrar un rumbo propio, debemos acercarnos sosegadamente a buenas lecturas de no ficción.

Sí. Me refiero a leer ensayos y divulgación, libros de economía y gestión y manuales de desarrollo personal y profesional.

Yo soy de las que leo en todos los formatos que pillo: en papel, en electrónico o hasta en la pantalla del móvil (sólo si tengo a mano las gafas, claro). Pero, romanticismos aparte, para retener y reflexionar no hay mejor experiencia que la del libro.

Porque está demostrado que, leer lápiz en mano, subrayando y anotando, combinando vista y acción, constituye la forma de retener conocimientos más efectiva.

También está demostrado que cuando nos sumergimos así en un libro, nuestro cerebro se activa y dejamos de ser simples lectores. Nos convertimos en participantes y comenzamos a cuestionarnos eso que dice el autor. Establecemos un “diálogo” con él, bien sea para aplaudirle o para rebatirle. Algo que ni la lectura en pantalla, ni el video ni el podcast, consiguen aún.

Si queremos profundizar en nuestros conocimientos, en nuestras habilidades, o en nuestra forma entender el mundo, leer y subrayar un libro es más eficaz que pasarse horas ante la pantalla.

Leer (o no) condiciona tu futuro profesional

Un estudio de la Universidad de Oxford mostró ya en 2011 la correlación entre adquirir hábitos de lectura durante la adolescencia y el éxito en el trabajo. Ni el estatus social, ni el practicar o no deporte, ni los estudios de idiomas, arte o música tuvieron resultados comparables. Leer libros es la única variable con impacto demostrado en el futuro de un adolescente.

Este estudio compiló hábitos, intereses y actividades de 20.000 chavales adolescentes. 25 años después, quienes leían por placer tenían un 40% más de opciones de desarrollo profesional.

Leer puede ser mucho más que un acto individual

La lectura es en sí misma un placer, pero cuando llevas lo que aprendes al debate, aportas un valor exponencial a tu empresa. 

Estaría, por tanto, genial que, compañeros enfrentados a retos similares, nos pusiéramos “deberes de lectura” compartidos. Que, tras la lectura de libros de divulgación científica, de gestión, de economía (o de lo que fuera), pudiéramos debatir y reflexionar juntos. Con la misma intensidad que lo hacemos de manera natural en el café sobre el último best seller.

Y me encantaría ver en las empresas ese apoyo a la lectura. Con bibliotecas, con tareas donde la lectura de libros, ensayos e informes, sea tan obligatoria como contestar el correo. Pero también con espacios destinados a ese intercambio de ideas, de críticas, de valoraciones y de reflexiones. Porque cuantas más visiones intercambias, más ideas aparecen.

Y porque el diálogo y el debate solo pueden ser productivos cuando quienes participan son personas informadas e interesadas en mejorar. Mejorar tus conocimientos y ampliar tu visión del mundo es la única forma de acabar con la infoxicación y con las fake news.

Leo con cierta sorpresa que en China ya existen redes de directivos que realizan estas practicas. Tal vez en ellas esté el secreto de su crecimiento. Se me ocurre que sería buena idea empezar a copiarles si no queremos que nos pasen por encima también en esto…

Estamos en verano… ¡Aprovecha para leer!

@vcnocito

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