Recibimos a diario peticiones de jefes y compañeros que nos dicen, con más claridad unas veces que otras, qué tareas debemos desempeñar. Pero rara vez nos hacen saber, ni quiera de una forma velada, cómo esperan que las cumplamos. Curioso, cuando es lo que sentimos al hacer las cosas y no lo bien o lo rápido que las hacemos, lo que hace que el proyecto avance o se estanque.

La actitud siempre ha sido más importante que la aptitud

Porque, lo creas o no, nuestras neuronas espejo nos hacen sonreír cuando otros lo hacen o nos ponen de mal humor cuando todos se quejan. De modo que tu actitud marca, en mucha medida, la actitud que van a tener tus compañeros de viaje.

Muchos proyectos fallan porque no tenemos en cuenta ni las motivaciones ni las emociones de quienes viajan con nosotros. Y como la verdadera dificultad está en descubrirlas, pues no solemos ni tenerlas claras ni compartirlas abiertamente, no queda otra que seguir el manual tirando de comportamientos que son apuesta segura.

Esto siempre ha sido así. Solo que hoy el mundo está cambiando. Nos guste o no, la omnipresencia de la tecnología en nuestro trabajo y nuestra vida nos ha cambiado la manera de relacionarnos. Las nuevas metodologías de gestión y organización y los nuevos roles de liderazgo nos obligan a todos, sea cual sea nuestro trabajo, a recalcular el mapa de actitudes que debemos aportar para contribuir al éxito de cada tarea.

La digitalización nos ha cambiado las reglas del juego

Y resulta que, valores que antaño eran infalibles, hoy tienen menos impacto. Y que cuestiones que antes ni nos planteábamos asumir, porque “eran tarea de otros”, hoy no solo son del todo asunto nuestro, sino que se convierten en claves para el éxito o el fracaso del proyecto.

Quienes disfrutamos viajando sabemos bien que cuanto más inexplorada sea la ruta y cuando menos cómodo y planificado sea el viaje, más influye la actitud de quienes te acompañan tanto en el disfrute del camino como en la llegada a destino sin contratiempos.

No hay nada escrito. Pero sabemos que hoy jugamos con estructuras menos estables y claras que desdibujan límites de tareas y también de responsabilidades. Cuando debemos, con una maestría antes siquiera imaginada, conjugar autonomía con escucha, hay comportamientos que son apuesta segura.

  • Claridad. Es buena idea comenzar valorado los objetivos marcados y diciendo alto y claro cuáles te cuesta asimilar y por qué. Y cuáles te gustaría sumar por interés personal al carro. No es algo negativo querer modular lo que te proponen creando un escenario más rico y más ajustado a tus expectativas y a tus necesidades de crecimiento. Y dejarlo claro desde el minuto uno ayuda al resto a establecer un escenario donde también se sientan ganadores.

Si antes la línea recta era el único camino más corto entre dos puntos, hoy hemos aprendido que, para llegar pitando al mismo sitio, hay muchos caminos posibles. Porque el objetivo no es llegar, sino que lleguemos todos.

  • Actitud activa hacia el crecimiento. Buscar sin descanso oportunidades para el aprendizaje y el crecimiento es obligatorio para todo profesional que aspira a seguir aportando valor en la era digital. Compartirlas con tus compañeros, contribuyendo a crear esa cultura del aprendizaje constante, en la que compartes lo que sabes y en a que tú también aprendes de ellos es la mejor manera de que sea un gusto trabajar contigo.

Si hoy la capacidad más valorada de un profesional es su capacidad para el aprendizaje, si todos debemos entrenar nuestra learnability ¿Cómo no adorar a quien te ayuda a cambiar el chip y a poner en marcha el proceso?

  • Autonomía y compromiso. Llevamos años de mili, no queremos limitarnos a cumplir instrucciones una detrás de otra. Queremos que nos marquen destino y objetivos claros, pero que lo hagan dejándonos la suficiente autonomía para crear nuestra propia hoja de ruta. Queremos, porque podemos, aportar sugerencias, tomar decisiones que nos permitan hacerlo como pensamos que estará mejor.

Si antes liderar y definir la estrategia era cuestión reservada a jefes, hoy aporta quien tiene la energía para compartir su visión ilusionando al resto con ella. Hoy triunfa quien comparte generosamente su fuerza y no quien la impone o hace ostentación de ella.

  • Consistencia y respeto. Pedimos autonomía, pero luego entramos hasta la cocina a opinar en el trabajo del de al lado. Modulamos el proyecto para adaptarlo a nuestra visión, pero no toleramos que otros se “entretengan” por el camino. Consistencia es tratar a los demás como esperas ser tratado porque nada enturbia más un proyecto que una doble vara de medir. La escucha es la forma más sencilla de mostrar respeto. Preguntar y pedir opinión, aun cuando crees que algo es inmejorable, es una premisa básica en la era digital, porque asumir con espíritu abierto los comentarios de los demás, es fortalecer un espíritu crítico que nunca es demasiado crítico.

Si antes el respecto iba en el cargo, hoy más que nunca todos debemos ganaros el puesto en el equipo. Y hacerlo con un comportamiento coherente que demuestre cada día lo mucho que nos importan los demás.

  • Agradecimiento, alabanza y comentario constructivo.
    Me pregunto por qué somos tan escuetos agradeciendo y alabando a nuestros compañeros cuando a todos nos gusta que nos digan que hemos hecho un buen trabajo. Y cuando todos necesitamos, cuando comentemos errores, el apoyo de ese comentario oportuno y constructivo que pone de relieve lo que sí salió bien.

Si antes el error era algo a evitar, hoy forma parte del día a día, ya que digital es sinónimo de probar y cagarla. Ayudar a quienes meten la pata, haciéndolo con un espíritu compartido de aprendizaje y mejora es seguramente el gran reto que todos tenemos por delante.

  • Apoyo en las duras y maduras. Todos quieren salir en la foto del triunfo, pero muchos se rajan cuando las cosas van mal. No apoyar al equipo cuando la bronca ronda te inhabilita de facto para seguir formando parte de él. Tampoco se trata de levantar la mano y asumir la defensa a pecho descubierto, sino de ayudar a tus compañeros, protegiéndolos de la crítica y colaborando en la búsqueda activa de soluciones y alternativas.
    Si antaño se trataba de “dirimir responsabilidades” buscando culpables, hoy vamos en bloque. Si algo me ha enseñado la famosa transformación digital es que no puedes desasociarte del fracaso, aun cuando no sea directamente culpa tuya.

Si tu no apoyas a tus compañeros, ¿Cómo podrás esperar su apoyo cuando te toque a ti estar en la picota?

Times are changing. Tenemos que cambiar con ellos para seguir buscando el éxito. Porque no olvidemos que nuestras empresas nos pagan por resultados.

Y como todo es cuestión de actitud, respondamos con un sí muy grande a la pregunta que abre este post. Y pongámonos a currar seguros de que seguiremos saliendo a hombros de las plazas en las que toreamos. Por muy digital que sea el toro 🙂

@vcnocito

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