Vale, estamos inmersos en una revolución sin precedentes. La tecnología va tan rápido que queremos que “paren el mundo” para bajarnos porque nos sentimos perdiendo el norte. ¿Cómo es posible que, teniendo en nuestras manos cada vez más, nos cunda cada vez menos?

Porque, en la era de la tecnología poderosa y de los medios infinitos, lejos de mejorar, nuestra productividad se reduce y nuestro tiempo se encoge. Y nuestra inquietud porque nos piten fuera de juego aumenta.

¿Adónde ha ido a parar nuestra capacidad de poner cordura a esta “vida loca”?

Solo hay una manera: Liderar tu propia adaptación al cambio.

Convertir progreso en bienestar nunca fue obvio. Pero podemos hacerlo. Todos podemos hacerlo. Está entre nuestras capacidades el hacer de la necesidad virtud y convertir la madre de todas las crisis en una oportunidad que nos resitúe de nuevo en un universo razonablemente bajo control.

Pero no podremos hacerlo si no entendemos que el cambio ha de estar también (y sobre todo) en nuestra mentalidad. Y que algunos de los que siempre han sido principios básicos de tu pensamiento y de tu actitud,  han de cambiar de posición en tu escala de valores.

Porque los retos son tan globales (cambios tecnológicos, de relación, de coordenadas, de sistema económico incluso) que cualquier respuesta parcial, rápida y encorsetada no será otra cosa que el enésimo parche cosmético.

Esta vez no vale un “lo cambio todo” para que en realidad no cambie nada.

¿Necesitas cambiar de mentalidad?

El mundo es como es, no como nos gustaría que fuera. Lamentarse por lo rápido que va todo no sirve de nada, porque no cambiará nada, salvo tu posición relativa frente a ese cambio. Empeñarse en atrapar el modelo que muere es como poner puertas al campo. El cambio no es el futuro, no es algo que solo les tocará a tus hijos. El cambio es el presente y también te implica a ti, trabajes en lo que trabajes y tengas la edad que tengas.

Así que te diría que no sólo debemos cambiar la manera en la que hacemos las cosas o nos relacionamos hoy con jefes, compañeros, clientes y competidores. Debemos también (y sé que esto suena fuerte) cambiar nuestro esquema de valores. Es imprescindible asumir que parte de lo que ayer era top, hoy no vale tanto. O que aquello que antes era sólo de jefes, se está hoy haciendo imprescindible para el último de los curritos.

¿A quién servirían hoy aquellos trabajados planes estratégicos a 3 años cuando el contexto cambia cada día? ¿Adónde han ido a parar aquellos esos estupendamente estructurados y escritos manuales cuando hoy sólo aguantamos leyendo tres minutos seguidos?

Y en la otra esquina del ring… ¿Quién no cree que deba mejorar sus capacidades de comunicación cuando pedimos a los chavales en el cole que se suelten a hablar en público? ¿Podremos seguir toda la vida anclados en WhatsApp pensando que eso de las redes sociales no me gusta?

Podría seguir hasta el infinito, pero seguro que no hace falta. Todos tenemos ya nuestra “lista rápida” de lo que deberíamos sumar y lo qué deberíamos pensar en soltar.

Crecer siempre ha sido dejar ir…

Asumiendo que estamos ante un modelo completamente nuevo, donde cada uno debe coger fuerte las riendas de su propia transformación. Que nos va a implicar renacer, reinventarnos, destruirnos para volver a construirnos.

Un nuevo esquema de valores, otras expectativas y nuevos propósitos tal vez sea la única manera de seguir siendo nosotros mismos. ¿Tú crees que el Corte Inglés podrá ser como Amazon sin cambiarse (y mucho) por dentro?

Mírate en el espejo de quienes lo hayan entendido

Muchos profesionales ya lo han hecho. Y se han puesto manos a la obra a repensar su aportación, a ver qué conocimientos o capacidades necesitaban incorporar para seguir siendo valiosos en la era digital. Han visto la necesidad de dejar de hacer cosas que habían hecho bien toda la vida para meterse de cabeza (incluso sin cambiar de empresa) en proyectos nuevos que les permitan crecer y renovarse.

Han entendido que el crecimiento personal no es otra cosa que la capacidad de cada uno de adaptarse activamente a los cambios. Se han bajado de la rueda loca, han dicho basta soltando lastre y desarrollan su nuevo yo con la incertidumbre de no saber si van a acertar, pero con la seguridad de saber que lo que es bueno para ellos va a ser bueno para sus empresas.

Y también algunas empresas se han dado cuenta de que para cambiar es preciso derribar barreras. Y empiezan a atreverse el miura de la organización basada en jerarquías para mutar a modos de trabajar más ágiles, que se apoyen en la fuerza de los equipos. Comienzan en serio a dar valor a la persona que lo aporta con independencia de su puesto en el escalafón. Se plantean sistemas de reconocimiento y de formación radicalmente distintos, animando a empleados a desarrollar su propia marca personal para contribuir desde un valor renovado al cambio en la compañía.

Mírate en ellos porque no hay otra manera. Seguir el ejemplo de lo que funciona es sacar a pasear el más común de los sentidos. Pon tus ojos en quienes han visto cuál es el camino y echa a andar como ellos para no quedarte atrás.

El mundo es mejor hoy

Sé que da pereza, pero créeme que el desarrollo personal nunca lo ha tenido tan fácil. Gracias a Internet puedes saltarte el orden establecido y llegar a cualquier rincón de conocimiento sentado frente a tu ordenador o con tu móvil mientras vas en el metro o esperas que tus hijos salgan del cole. ¿Hay algo que no esté en YouTube?

Yo tengo la suerte de trabajar en una compañía que está teniendo la valentía de proponerse la construcción desde la deconstrucción. Tengo a mi alrededor compañeros que han no sólo han dado giros espectaculares a sus carreras, sino que son mucho más joviales y entusiastas que hace 20 años cuando nos encontramos por primera vez.

No niego que la cosa tenga su dificultad, pero te aseguro que compensa. Más de lo que imaginas. Porque llevar las riendas es la única manera de hacerte con la ola.

Para hacerlo sólo necesitas una cosa: decidir que no vas a dejarte arrastrar y recuperar tu sentido común.

@vcnocito