Walt Disney nos invita a creer en un mundo de fantasía en el que cualquier cosa puede hacerse realidad, y como ejemplo de esa filosofía, pronunció la frase que da título a este artículo. “Pregúntate si lo que estás haciendo te llevará donde quieres estar mañana”, lema que es aplicable a cualquier ámbito de la vida, aunque como siempre, me centraré en reflexionar un poco sobre su aplicación al ámbito laboral. Y es que toda la vida me ha sorprendido comprobar cómo mucha gente con la que te cruzas en el trabajo dice tener unos planes laborales a medio y largo plazo y no obstante, parece que sin ser muy conscientes de ello, lleva a cabo acciones y toman decisiones que le dirigen en sentido contrario.

Todos tenemos una idea más o menos clara de donde nos gustaría llegar y de qué queremos hacer en el trabajo dentro de, pongamos, 10 años. Por cierto, un paréntesis: cuanto más mayor eres, más claro tienes donde quieres estar en el futuro. Hecho el paréntesis, no hay planes u objetivos que sean mejores que otros. Tan apropiado y correcto es tener aspiraciones de ser el director general de la multinacional en la que trabajas como imaginarte jubilado viendo pasar las horas mientras pescas tranquilamente en un río. Se dice también que los objetivos deben ser alcanzables y medibles, o lo que es lo mismo, hay que ponerse metas que puedas conseguir, aunque sea con cierto esfuerzo. Pero tampoco quiero entrar en eso. Se trata simplemente de tener un objetivo más o menos claro en tu vida laboral.

Pues entonces, hay que ponerse a ello, asegurándote de que lo que haces sirva para llevarte a donde quieres llegar. No entiendo esas personas que dicen querer asumir nuevas responsabilidades y sin embargo no hacen absolutamente nada para formarse o reciclarse en sus competencias. Ni los que dicen estar preparados para liderar equipos y no hacen más que coleccionar trifulcas y contenciosos allá donde van. Ni los que se lamentan porque se aburren soberanamente en el trabajo pero no son capaces de dar un paso adelante para explorar nuevos retos o  intentar un cambio de ocupación, dentro o fuera de su empresa. Como decía mi querida compañera Virginia, las empresas están llenas de zombies que deambulan por los pasillos camino de reuniones intrascendentes con el único afán de que transcurra el día sin ningún sobresalto, pero sin tampoco buscar aportar nada. Quizá es ese su objetivo, tener una vida lo más tranquila posible en la oficina, lo que siempre me ha parecido perfectamente respetable. Pero es que muchos te cuentan después lo indignados que estén porque esa promoción o ese reconocimiento no les ha caído a ellos sino a otro compañero.

El año nuevo es un buen momento para plantearse si estamos en el buen camino para conseguir nuestros objetivos. Hay cosas que siempre funcionan, como por ejemplo:

–          Estar dispuesto a colaborar y apoyar a los demás, manteniendo una buena actitud en todo momento.

–          Realizar de vez en cuando una autocrítica a tu trabajo y escuchar las críticas de los demás, lo que te ayudará a crecer y a ser más productivo.

–          Mantener tu red de contactos  profesionales y no dejar que esa relación que tenías con aquella persona influyente en tu sector caiga en el olvido, aportando valor a lo demás miembros de la red de contactos.

–          Y especialmente, no dejes de aprender nunca.  Apúntate a cursos, lee, relaciónate con otras personas que te puedan aportar conocimientos valiosos… en resumen, no pierdas esa curiosidad innata que todos tenemos y sigue aprendiendo.

 

Cosas como estas son las que seguro te llevarán a donde quieras estar mañana. Pruébalo.

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